El caso de una adolescente de 15 años encontrada sana en Merlo vuelve a poner el foco sobre un fenómeno que muchas veces termina reducido a una publicación en redes sociales. En 2024 el Registro Nacional de Información de Personas Menores Extraviadas recibió 4.704 búsquedas de paradero y en 2025 la cifra ascendió a 4.946. Casi ocho de cada diez búsquedas de 2024 correspondieron a adolescentes de entre 13 y 17 años. Más de la mitad fueron mujeres. Los números obligan a mirar más allá
El caso había comenzado el 28 de agosto y rápidamente generó preocupación entre familiares y personas que colaboraron con la difusión de la búsqueda.
El desenlace fue favorable.
Pero cuando una adolescente aparece, hay una pregunta que muchas veces desaparece de los titulares:
¿Por qué se había ido?
Y existe una segunda pregunta, todavía más importante:
¿Cuántas veces ocurre algo parecido en Argentina?
La respuesta está parcialmente escondida en las estadísticas oficiales.
El Registro Nacional de Información de Personas Menores Extraviadas (RNIPME), dependiente del Ministerio de Justicia de la Nación, centraliza información sobre niñas, niños y adolescentes cuyo paradero es desconocido y articula con autoridades provinciales, fuerzas de seguridad y organismos judiciales.
Durante 2024 ingresaron al Registro 4.704 búsquedas de paradero en todo el país.
De ese total, 3.031 fueron paralizadas después de que las autoridades informaran el hallazgo de los menores, mientras que 1.673 permanecían en trámite al cierre del año, aunque el propio Registro advierte que ese estado puede modificarse posteriormente porque las comunicaciones de las autoridades llegan en distintos momentos.
La cifra de 2025 fue todavía mayor.
La Memoria Detallada del Estado de la Nación señala que durante ese año se incorporaron 4.946 búsquedas de paradero de personas menores extraviadas.
Es decir, tomando ambos años como referencia, el sistema registró 9.650 búsquedas en 24 meses.
Pero atención: no significa que 9.650 niños y adolescentes diferentes hayan desaparecido. Se trata de búsquedas registradas y una misma persona puede aparecer nuevamente en el sistema.
La precisión periodística es fundamental.
Los números oficiales de 2024 permiten encontrar un patrón mucho más concreto.
De las 4.704 búsquedas registradas:
2.171 correspondieron a adolescentes de 13 a 15 años.
Otros 1.562 tenían entre 16 y 17 años.
En conjunto, son 3.733 búsquedas de adolescentes de 13 a 17 años.
Eso significa que aproximadamente el 79,4% de todas las búsquedas registradas durante 2024 correspondió a adolescentes de esa franja etaria.
El dato cambia completamente la percepción del fenómeno.
No estamos hablando principalmente de bebés o niños pequeños que desaparecen en circunstancias misteriosas.
La gran concentración estadística está en la adolescencia.
Y eso obliga a estudiar el contexto.
Otro dato significativo surge de la distribución por género.
En 2024 hubo:
Las búsquedas correspondientes a mujeres representaron aproximadamente el 53,2% del total, frente al 46,5% de varones.
La diferencia no es enorme, pero sí resulta significativa cuando se combina con la edad.
La fotografía estadística muestra entonces un perfil que merece especial atención:
adolescencia + mujer + desaparición o ausencia del hogar.
Eso no permite afirmar que todos los casos tengan la misma causa. Todo lo contrario.
Este punto es fundamental.
Una denuncia por desaparición o búsqueda de paradero no significa automáticamente secuestro, trata de personas o delito.
Puede haber múltiples situaciones detrás de una búsqueda:
Por eso, no corresponde convertir cada desaparición de una adolescente en una hipótesis criminal sin pruebas.
Pero tampoco corresponde asumir automáticamente que “se fue porque quiso”.
Entre esas dos posiciones existe un territorio enorme que necesita investigación.
Uno de los principales desafíos consiste precisamente en determinar qué significa una desaparición aparentemente voluntaria.
Que un adolescente haya decidido abandonar temporalmente su hogar no explica necesariamente por qué tomó esa decisión.
La pregunta periodística debería retroceder unas horas, días o incluso meses:
¿Qué estaba pasando antes de que desapareciera?
¿Había discusiones familiares?
¿Había violencia?
¿Existía una relación que preocupaba a su entorno?
¿Había abandono escolar?
¿Había antecedentes de otras ausencias?
¿Existían situaciones de vulnerabilidad?
¿Había alguien que la estaba contactando por redes sociales?
¿Había pedido ayuda anteriormente?
No todas estas preguntas tendrán una respuesta afirmativa. Pero son las preguntas que permiten transformar una simple crónica policial en una investigación social.
La existencia de una búsqueda de una adolescente tampoco permite afirmar que exista trata.
Sin embargo, la trata de personas constituye uno de los riesgos que el Estado argentino monitorea específicamente.
Durante 2025 fueron rescatadas y/o asistidas 807 víctimas de trata de personas, de las cuales 65 eran menores de edad. Además, la Línea 145 recibió 2.200 denuncias durante ese año.
Durante el primer semestre de 2026 fueron asistidas otras 369 víctimas, entre ellas 27 menores. En ese período la Línea 145 recibió 1.369 denuncias.
Estos números no deben mezclarse con las estadísticas de menores extraviados.
Una denuncia de desaparición no equivale a una denuncia de trata.
Pero ambos sistemas existen porque detrás de determinadas desapariciones puede haber situaciones de explotación que requieren una investigación especializada.
El Estado argentino cuenta con el Registro Nacional de Información de Personas Menores Extraviadas y con el Sistema Federal de Búsqueda de Personas Desaparecidas y Extraviadas.
El RNIPME recuerda que su objetivo es centralizar información de todo el país y colaborar con las autoridades en las búsquedas. También dispone de la Línea 142, gratuita, para recibir información sobre niñas, niños y adolescentes cuyo paradero se desconoce.
Además, el sistema de transporte puede transformarse en una herramienta investigativa.
En 2024, la entonces CNRT informó que había respondido 7.326 consultas judiciales relacionadas con búsquedas de personas o pedidos de captura, obteniendo 1.587 resultados positivos de movimientos en transporte que fueron remitidos a las autoridades. En numerosos casos esa información resultó determinante para localizar a las personas buscadas.
El caso de Merlo vuelve a mostrar algo que ya no puede ignorarse:
un viaje en colectivo, una tarjeta SUBE, una cámara de seguridad, una comunicación digital o un movimiento bancario pueden convertirse en piezas fundamentales para reconstruir las últimas horas de una persona.
Hay una cifra que resume la dimensión del problema:
4.704 búsquedas de menores durante 2024.
Y otra:
4.946 durante 2025.
No son 4.704 ni 4.946 historias idénticas.
Pero sí son miles de situaciones en las que una familia, una escuela, una comunidad o una institución tuvo que hacerse la misma pregunta:
¿Dónde está?
Y detrás de esa pregunta existe otra todavía más profunda:
¿Qué estaba pasando en la vida de ese chico o esa chica antes de que dejáramos de saber dónde estaba?
Las estadísticas oficiales también revelan una dificultad.
No existe una única base pública que permita conocer en tiempo real, con el mismo criterio, cuántas niñas y adolescentes desaparecen, cuántas son encontradas, cuánto tiempo permanecen ausentes, cuántas vuelven a desaparecer y cuáles fueron las causas establecidas en cada caso.
El propio sistema reconoce que la información se actualiza a medida que las autoridades comunican los hallazgos y que los estados registrales pueden cambiar.
Incluso el Congreso recibió proyectos que plantean fortalecer y federalizar el sistema de búsqueda de niños, niñas y adolescentes, con principios como la debida diligencia reforzada, la articulación entre jurisdicciones y la protección de los derechos de los menores.
Por eso, una de las preguntas que deja este caso no es solamente policial.
También es institucional:
¿Tenemos toda la información necesaria para entender por qué desaparecen nuestros adolescentes?
Cuando una adolescente es encontrada sana, la noticia es motivo de alivio.
Pero encontrarla debería ser apenas el comienzo de otra etapa.
Porque recuperar físicamente a una persona no necesariamente significa haber resuelto aquello que provocó su ausencia.
Si hubo conflicto familiar, hay que abordarlo.
Si hubo violencia, hay que detectarla.
Si hubo captación digital, hay que investigarla.
Si existió explotación, hay que proteger a la víctima.
Si hubo una decisión personal de alejarse del hogar, también hay que preguntarse qué llevó a una adolescente de 15 años a considerar que estar lejos era una alternativa.
El objetivo no debería ser únicamente encontrar a los chicos cuando desaparecen.
También debería ser entender qué está pasando antes de que desaparezcan.
La adolescente de Merlo apareció sana.
Ese es el dato que todos celebramos.
Pero detrás de cada búsqueda hay una familia que durante horas vive con miedo, una comunidad que intenta reconstruir movimientos y un Estado que debe activar mecanismos de protección.
Y detrás de miles de búsquedas aparece un patrón que los números ya permiten observar:
la adolescencia concentra la enorme mayoría de las búsquedas de menores y las mujeres representan más de la mitad de los registros de 2024.
No significa que exista una única explicación.
Significa que existe un fenómeno que merece ser estudiado.
Porque quizás la pregunta más importante no sea:
“¿Dónde apareció?”
Sino:
“¿Qué estaba ocurriendo en su vida antes de que desapareciera?”
Esa pregunta puede ser incómoda.
Pero también puede ser la que permita evitar la próxima búsqueda.
Los datos del RNIPME muestran que 3.733 de las 4.704 búsquedas de 2024 correspondieron a adolescentes de 13 a 17 años; las cifras de 2024 por edad y género surgen del informe oficial del Registro. El total de 2025 proviene de la Memoria Detallada del Estado de la Nación.
| Dato | Cifra |
|---|---|
| Búsquedas de menores registradas en 2024 | 4.704 |
| Búsquedas paralizadas por hallazgo en 2024 | 3.031 |
| En trámite al 31/12/2024 | 1.673 |
| Búsquedas registradas en 2025 | 4.946 |
| Adolescentes de 13-15 años en 2024 | 2.171 |
| Adolescentes de 16-17 años en 2024 | 1.562 |
| Total de 13 a 17 años | 3.733 (79,4%) |
| Búsquedas de mujeres en 2024 | 2.504 (53,2%) |
| Búsquedas de varones en 2024 | 2.189 (46,5%) |
| Víctimas menores de trata asistidas en 2025 | 65 |
El caso de una adolescente de 15 años encontrada sana en Merlo vuelve a poner el foco sobre un fenómeno que muchas veces termina reducido a una publicación en redes sociales. En 2024 el Registro Nacional de Información de Personas Menores Extraviadas recibió 4.704 búsquedas de paradero y en 2025 la cifra ascendió a 4.946. Casi ocho de cada diez búsquedas de 2024 correspondieron a adolescentes de entre 13 y 17 años. Más de la mitad fueron mujeres. Los números obligan a mirar más allá
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