Una joven de 28 años protagonizó un raid de furia este lunes en Villa Mercedes. Arrancó a los gritos en plena calle, se le tiró encima al capot del móvil policial y, como si fuera poco, fue a buscar más bronca a la seccional. Terminó demorada.
La mañana de este lunes en Villa Mercedes tuvo ribetes propios de una tragicomedia urbana que ni el mismísimo Roberto Fontanarrosa se hubiera atrevido a imaginar en un cuento de boliche. Una vecina de 28 años decidió que el asfalto villamercedino era su propio escenario teatral, protagonizando un raid de furia tan desconcertante como inolvidable.
Todo comenzó en la esquina de Nelson y Colombia, donde los muchachos del Comando Radioeléctrico acudieron tras una alerta que advertía sobre una mujer fuera de sí. Al llegar, los efectivos se encontraron con la protagonista en un aparente estado de alteración mística y terrenal. Le lejos de apaciguarse ante la autoridad, la dama activó el modo furia: insultos al por mayor, ademanes dignos de una ópera criolla y, como broche de oro de la primera escena, se arrojó de pecho sobre el capot del patrullero con la elegancia de un felino desorientado, aunque por suerte sin dejarle un solo rasguño al vehículo. Cumplida su performance callejera, optó por retirarse del lugar con pasos firmes.
Pero la función no había terminado. Minutos más tarde, con una perseverancia digna de mejor causa, la protagonista decidió que la mañana merecía un segundo acto y se presentó solita en la guardia de la Comisaría Seccional 36°.
Cuando el personal de guardia le preguntó amablemente por el numerito que acababa de protagonizar a pocas cuadras, la mujer sintió que la burocracia policial atentaba contra su libre expresión. Retomó su actitud bélica, revivió el repertorio de agravios y arrancó con los insultos de rigor hacia los uniformados.
Ante semejante demostración de constancia inquebrantable y para evitar que la seccional terminara convirtiéndose en un ring de lucha libre, el personal femenino entró en acción: reducción con maña y paciencia, traslado de rigor al nosocomio local para el chequeo del médico de turno y, finalmente, asiento asegurado en el calabozo de la dependencia en calidad de demorada. Una mañana en la que la paz de Villa Mercedes brilló por su ausencia.
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